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Argentina busca consolidar su rol como potencia nuclear PDF Imprimir Correo
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Irma Argüello da su opinión sobre el pasado, presente y futuro del desarrollo nuclear argentino.

Publicado en inglés en World Politics Review, 22 jul 2014.

 

Argentina firmó un acuerdo sobre energía nuclear con Rusia la semana pasada, el paso más reciente en su intención de expandir su industria nuclear.

Irma Argüello, Presidente de la Fundación NPSGlobal, discutió la política nuclear argentina en una entrevista por email.

WPR: Qué parte de la generación de energía eléctrica en Argentina corresponde actualmente a las centrales nucleares?

Irma Argüello: Las dos centrales nucleares argentinas que están totalmente operativas – Atucha I y Embalse – producen conjuntamente 930 MWe, lo que significa alrededor de 4,7 % de la producción de electricidad del país. La tercera central, Atucha II, que empezó a funcionar este año, será capaz de producir 692 MWe una vez que esté totalmente operativa. También hay planes de construir otras dos centrales en los próximos años.

WPR: Quiénes son los principales socios nucleares de Argentina y qué tipo de apoyo brindan?

Argüello: El programa nuclear argentino ha sido excepcional en muchos sentidos desde su origen en la década del ´50. A diferencia de la mayoría de los países en desarrollo, el objetivo de largo plazo de Argentina siempre ha sido aumentar sus capacidades nacionales para el diseño y construcción de facilidades nucleares, más que depender de acuerdos "llave en mano". La promoción tales capacidades, y particularmente la decisión de dominar por completo el ciclo del combustible nuclear, ha sido siempre parte fundamental de la estrategia nuclear nacional.

Los primeros reactores de investigación estaban basados en diseños de Estados Unidos, país que también proveyó el uranio enriquecido para su operación. Algunos de estos reactores fueron luego modificados usando tecnología nacional, y otros nuevos fueron desarrollados localmente. Desde 1978, Argentina ha sido un exportador de reactores de investigación y multipropósito a Perú, Argelia, Egipto y Australia, y está actualmente desarrollando un reactor multipropósito para Brasil.

Cuando la Argentina decidió dedicarse a la generación nucleoeléctrica en la década del '60, el gobierno buscó proveedores extranjeros para sus primeros reactores, pero el país siempre mantuvo un rol activo durante la ejecución de los proyectos.

La primera central nuclear argentina, Atucha I, en operación desde 1974, está basada en un reactor alemán de tecnología Siemens de 330 MWe, del tipo PHWR (uranio natural, agua pesada, recipiente de presión). La segunda central nuclear del país, Embalse, operativa desde 1984, está basada en un reactor PHWR de tecnología canadiense del tipo CANDU (uranio natural, agua pesada, tubos de presión) de 600 MWe. Este proyecto fue adjudicado en conjunto a la canadiense AECL y a la italiana Italimpianti, pero se desarrolló con una participación muy relevante de parte de los argentinos.

Mientras que las primeras dos plantas nucleares fueron contratadas "llave en mano", Argentina estuvo significativamente más involucrada en el diseño y ejecución de la tercer central nuclear, Atucha II, para la cual se asoció con la alemana Kraftwerk Union AG. La construcción comenzó en 1981 pero el trabajo avanzó lentamente y finalmente se detuvo en 1994. En 2006 la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA) se hizo cargo del proyecto, pero como para ese momento el socio extranjero original ya no estaba disponible, proveedores nacionales públicos y privados fueron llamados para terminal la central.

Otras facilidades nucleares de alta relevancia fueron también desarrollos argentinos. Entre ellas, la planta de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu (construida en 1983, detenida a mediados de los '90 y actualmente en proceso de restauración), la planta de reprocesamiento que nunca fue terminada y varios reactores de investigación para operación local y exportación.

Para el diseño y construcción de las futuras cuarta y quinta centrales, ya han precalificado varios potenciales socios. Se encuentran en esa condición la empresa rusa Rosatom, la francesa Areva, la multinacional Westinghouse, la surcoreana Kepco y la china CNNC, pero aún no se ha tomado la decisión final.

El reactor CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares), un avanzado reactor pequeño/mediano (SMR) es otro ejemplo de la determinación argentina de llevar adelente investigación y desarollo nacional. Un prototipo de 25 MW se está construyendo actualmente en las afueras Buenos Aires. Será el primer reactor de potencia enteramente diseñado y construido en la Argentina.

WPR: Cuáles son las motivaciones detrás de la intención argentina de expandir su capacidad nuclear?

Argüello: Hay múltiples motivaciones. Primero, por más de 60 años la Argentina ha visto la industria nuclear como un polo de desarrollo tecnológico e industrial. Segundo, el país quiere consolidar su rol como un actor relevante en el competitivo mundo de los proveedores nucleares globales. Tercero, la Argentina quiere proteger su larga tradición y logros en el campo nuclear, al que ve como un factor clave de independencia. Además, la sociedad argentina reconoce el desarrollo nuclear como una fuente de prestigio nacional. Hay también una amplia confianza pública en cómo es gestionada la energía nuclear, aunque exista una minoría activista que se opone a ésta. Por último, hay una necesidad de diversificar las fuentes de energía nacional reduciendo el uso de combustibles fósiles. Se calcula que cada futura central nuclear, incluida Atucha II, representa ahorros diarios para el país en importación de combustible líquido del orden de 1 millón y medio de dólares. 

 

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